España se declara en quiebra en 1557.

Os dejo este fragmento que he encontrado en el libro EL ORO escrito por Giovana Bergamaschi, donde os dareís cuenta que las cosas no han cambiado tanto desde el siglo XVI. Y los errores siguen siendo los mismos.

Los metales preciosos americanos invadieron toda Europa. De España partian ríos de monedas de oro y plata hacia los grandes mercados europeos como Amberes y amsterdam. Se diría que la prosperidad no podía terminar nunca, pero…

En 1557, España se declara en quiebra, seguida de Francia. La bolsa de Amberes se resiente, se interrunpe la concesión y el pago de préstamos, las empresas se hunden, las compañías navales y comerciales cierran sus puertas, los banqueros Fugger se arruinan….¿Qué había pasado?

Sucedió algo muy fácil de explicar actualmente, pero que los europeos de entonces no podían comprender: había demasiado oro en el mercado y se producía poco, sobre todo en España, país que monopolizaba el oro.

La caída del precio del valioso metal en los mercados provocó una brusca subida del precio de las materias primas y de los productos manufacturados. Artesanos, comerciantes y pequeños vendedores se empobrecieron. Por otro lado los países que recibían ingentes cantidades de oro como España y Portugal no invirtieron tal riqueza en sus suelos, carentes de extructuras productivas o de transformación, sino que lo utilizaron para pagar a precios cada vez más altos los productos que necesitaban: armas, barcos, telas especies, trigo y material militar para las tropas y la burocracia de sus inmemsas posesiones. El enorme flujo de oro y plata no obtenía nada a cambio. Con el paso de los años, las garantías avaladas por los grandes banqueros, las compañias aseguradoras y las Bolsas de Europa perdieron su base y de este modo España, que gastaba pero no producía, se declaró en quiebra, seguida de Francia, ligada a los mismos banqueros con los que negociaban los españoles.

La consecuencia de ello fue una increíble carestía en todo el continente y un aumento de los precios que llegaron a tripicarse en un siglo. Esto no sería muy grave actualmente, pero para una economía vinculada en gran parte a un ritmo muy lento y en la que el oro siempre había mentenido un valor de cambio absoluto fue un auténtico desastre. El exceso de oro en las manos de quien no sabía hacer buen uso de él revelaba el rostro maléfico, demoníaco, del dorado metal.

A partir de 1650, la importación de oro americano sufrió un declive definitivo. El gran sueño de el Dorado duró poco más de cien años: nada, frente a la historia de Europa y también de América.

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